Se hizo la luz

Desde hace un tiempo para acá, se han venido desarrollando grandes proyectos en Internet con la ayuda de todos. Nos referimos a iniciativas como la Wikipedia, la enciclopedia más grande creada hasta la fecha, o Firefox, el único navegador de código abierto que ha sido capaz de hacerle sombra a Explorer. Algunas empresas han adaptado esta forma de trabajar en grupo o en red social, como se prefiera llamarlo. Una de ellas es la danesa Lego, la de los juegos de construcción.

Todo empezó hará unos treinta años con gente dispersa en todo el mundo que tras acabar su infancia, continuó su afición por Lego. Construían todo aquello que les apetecía, desde vehículos teledirigidos hasta edificaciones a escala real. En generaciones posteriores también sucedió lo mismo. Con la adopción de internet por las sociedades desarrolladas, estos enfermos en el buen sentido de la palabra, pasaron a conocerse, intercambiarse información, opiniones, conocimientos, incluso hacían quedadas.

El fenómeno creció de tal forma que desde Dinamarca se veía como un problema amenazador, pensaban que “su producto era solo para niños y un grupo de frikis repartidos por el mundo les podía hundir el negocio”. Pero al cabo del tiempo, se hizo la luz. Vieron que aquellas personas amaban Lego como ninguno de sus trabajadores, incluso directivos. Luego, tenían el deber de invitarles a formar parte de la empresa. Y les invitaron.

Con esta reacción, ambas partes salieron ganando en una especie de simbiosis. Lego obtenía un talento sin desperdicio que le ayudaría con los nuevos proyectos (a parte de la publicidad implícita) y los “enfermos” cumplían su sueño de trabajar en aquello que les apasiona. Algunos de los resultados de esta colaboración son un F1 construido a escala real y parques temáticos como el Legoland de Windsor.

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